El centro de Cali, en su casco histórico, alberga varios barrios. Uno de ellos es San Pedro, cuyas dinámicas giran en torno a la Plaza de la Constitución, hoy Plaza de Caicedo. En términos generales, aún se conservan amplias casonas con enormes solares y patios en ese sector aledaño al centro, habitadas hace un siglo por comerciantes, ganaderos, militares, hacendados. La catedral de Cali, llamada San Pedro, fue la primera en construirse en la ciudad, con techo de paja, muy modesta, e indudablemente sin la imponencia que tiene hoy en día. Hacia 1674 empieza a funcionar en el mercado público en la Plaza Mayor, que ya hacia 1813 se llamaría Plaza de la Constitución y que en su perímetro ya contaba con la construcción imponente de la nueva iglesia matriz que con el correr de los años sería la Catedral. A inicios del siglo XIX había un cementerio construido al lado de la Plaza Mayor, pero poco a poco, con la densidad poblacional fue trasladado a un lote en lo que es hoy el barrio San Nicolás y que paulatinamente tuvo que ser sacado de la ciudad de aquella época. San Pedro fue uno de los pocos barrios en tener edificios de dos pisos cuando comienza el siglo XX, eso habla de la índole de las personas que vivían en el sector. Sin embargo, el sector del centro fue tornándose como un espacio comercial con la presencia de las Galerías Central y del Calvario; paulatinamente otros visitantes y habitantes fueron poblando el centro de Cali y las viejas familias optaron por salir del barrio estableciéndose en lugares más lejanos. La representación social del centro de Cali apunta definitivamente a la Plaza de Caicedo, desde la cual, se proyectan las historias, trayectorias y recuerdos de buena parte de la ciudadanía caleña. No se puede negar el aporte que el centro de Cali le ha hecho a la ciudad. Los viejos habitantes de San Pedro recordarán sus tertulias en la plaza, sus descansos en solares o patios, algo de la actividad social que bullía en esas casonas, pero también tienen la convicción de que el barrio es un patrimonio de la ciudad, y que su memoria cultural habita en las fachadas de las casas, en las calles, en los pasajes de una ciudad que ha crecido, sin ninguna duda, desde un centro que ha venido integrando poblamientos de tipo rural a través de su peculiar proceso de urbanización.